Un rayo de sol, atrevido, recorría el salón de punta a punta, sin calentar, tan sólo haciendo acto de presencia. Unas motas de polvo se colaban por la ventana y flotaban en la estancia dejando un halo de puntos suspensivos que adornaban el aire. Él trataba de sacar algo positivo de todo aquello, algo tendría que haber de hermoso en un sol que se atrevía a entrar con ese desparpajo en la casa. En ese instante, el rayo de sol señalaba un libro de la estantería y él, por puro aburrimiento, fue a ver de cuál se trataba. Y de este modo cayó de nuevo en sus manos una historia que había leído hacía muchos años. No recordaba bien el argumento, pero en la primera página había una dedicatoria. Leyó los primeros renglones y lo volvió a dejar en la estantería, donde cayó de nuevo en el olvido de los libros ya leídos. Y tuvo un pensamiento para las personas que habían pasado por su vida y que ahora ocupaban la estantería de sus recuerdos. Se quedó un instante pensativo delante de la librería y después cogió de nuevo el libro y se sentó en el sillón con él en las manos. Leyó de nuevo párrafos conocidos, se volvió a sumergir en la historia y volvió a revivir los momentos como ya hiciera en su día. Pasó gran parte del día leyendo, cuando acabó dejó de nuevo el libro en la estantería y, con una sonrisa en los labios, cogió el teléfono y llamó a su amigo, el que le había regalado el libro. Hacía un par de años que no sabía de él. Sólo unos instantes de conversación bastaron para que quedaran reducidos a apenas un par de horas. Y había estado todo ese tiempo esperando escondido en la estantería. Sólo había que alargar la mano y abrirlo de nuevo. Los libros, como algunas personas, son fieles y saben esperar sin reproches. Ese día un rayo de sol fue el culpable de que él se diera cuenta de ello.
21 enero 2012
Libros
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Esta entrada fue publicada el 21 enero 2012 en 19:44 y etiquetada con amistad, libros y publicado el historias. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través de este feed RSS 2.0 .
4 comentarios to “Libros”
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22/01/12 at 13:39
Pues yo ahora estoy mirando mi estantería con libros y el que más me llama la atención es uno con un lomo muy bonito. Es un libro pequeño, de no muchas páginas, pero tiene dibujada una flor naranja preciosa y cuando lo leí me encantó. También fue un regalo de alguien pero quizás no sea el momento de llamar a esa persona todavía. Quien sabe si algún día volveré a oir su voz. Un besito.
22/01/12 at 13:49
Los libros, como las personas, tienen sus momentos. Y la estantería del recuerdo se va llenando de ellos y cada uno va dejando su historia. A mí, ahora que escribo, me gusta cuando a la gente le deja huella alguno de mis textos, porque son parte de mí. Seguro que si el rayo de sol de este texto te ha hecho llamar la atención sobre ese libro es que es importante para ti. Seguro que algún día vuelves a escuchar la voz de esa persona. Otro besito…
25/01/12 at 00:17
Cualquier objeto, lugar, situación en algún momento hace que nuestros recuerdos se despierten y pensemos en alguien que nos acompañó, que compartio, vivió, sintió con nosotros.
Desempolvar nuestra propia historia y recordar, añorar y porque no, intentar el reencuentro hace que sigamos nuestra vida pero no dejando atrás lo vivido.
Las personas que nos marcan nos unen y forman parte de nuestra vida para siempre, pueden estar dormidas en nuestra historia pero como tu dices con solo desempolvarla vuelven a formar de nuevo parte aunque sea por un instante.
Un beso, David.
25/01/12 at 15:45
Y hay personas que nos siguen acompañando de alguna manera aunque no estén en nuestro día a día. Son esas personas que no tienen un reproche por el tiempo transcurrido, que siempre aparecen cuando alargas la mano, aquellas que no desaparecen con el tiempo. Algo las trae a nuestro recuerdo y sólo tenemos que tirar del hilo para recuperarlas, están ahí, jamás se han ido de nuestro lado, a su manera.
Un beso enorme, Estrella…