He subido como cada día al tren y, sumido en mi importancia y ajeno a todo, he buscado un sitio y me he sentado junto a la puerta. He sacado el libro que estoy leyendo y me he enfrascado en la tarea de alternar la lectura con la observación de todo aquel que se situara en mi campo visual. Cuestión de simple curiosidad.
El tren ha arrancado como cada día y ha iniciado la marcha. De vez en cuando miraba por la ventana y veía pasar los edificios, despacio en un primer momento y más rápido después. He hecho caso omiso de lo general y me he centrado en los detalles de lo que pasa por el cristal y que en días anteriores se me ha podido escapar. Era mi viaje cotidiano y aburrido, la media hora más larga del día.
A mi derecha, sentado ya cuando yo he entrado, un chico con una mochila pequeña donde he visto que guardaba una cámara de fotos Canon. Frente a mí un par de chicos a los que he etiquetado inconscientemente cuando han subido en la terminal. Uno de ellos es ciego y otro le acompaña. Son de aspecto humilde y por la conversación que a ráfagas sigo, más por la proximidad que por curiosidad, intuyo que les preocupan cosas no tan lejanas a las mías.
En un momento del trayecto, un instante mágico, el chico ciego intentaba hacer memoria sobre qué país ganó el Mundial de España, allá por el 82 (recuerdo perfectamente algunas imágenes que han venido a mi memoria). El otro chico, el que le guiaba, no recordaba bien si era Alemania o Italia. Italia, ha dicho entonces el fotógrafo. Lo recuerdo, por la alegría con la que lo celebraban los jugadores. Con esa frase me ha sacado definitivamente de la lectura y me ha hecho guardar el libro y, ahora sí, curiosear con lo que pasaba en el vagón.
Entonces el chico ciego y el fotógrafo se han puesto a hablar de fútbol y yo, que también me confieso aficionado a este deporte, no he podido evitar intervenir y aportar mi granito de arena. Realmente estaba deseando formar parte de la conversación y participar de esa isla de cercanía que se ha formado en esa parte del tren esta tarde, ajena a la pasividad del resto de viajeros.
Así me he enterado de que el chico ciego, el de aspecto humilde, es jugador de la selección española de fútbol sala para ciegos. Me he enterado de que ha jugado un Mundial y de que ahora se juega otro. He sabido que jamás ha podido ver un campo de fútbol ni una Eurocopa, pero que desde que tiene uso de razón está viviendo el fútbol. Que el balón de fútbol sala lleva dentro unos cascabeles y que el portero reserva se pone detrás del portero del equipo contrario y que no puede tener ninguna minusvalía, porque es el que guía a los demás compañeros.
En un deporte en el que tiene que ganar la solidaridad y la cooperación y vista la lección que un chico ciego me ha dado esta tarde en el mismo tren que cojo con desidia cada uno de los días de la semana, no hay cabida para las portadas en revistas de moda, ni los paparazzi, ni todo un espacio de un telediario, ni tan sólo una hora a la semana. A un deporte que nos debería enseñar la forma de comportarnos con los demás apenas regalamos una conversación entre dos paradas de tren, mientras que a uno que reparte ostentación y maravillas vacías le concedemos el beneficio del dinero y la atención.
Yo nací con la visión de uno de mis ojos reducida casi hasta la ceguera. Desde que tengo uso de razón me he estado lamentando por ver la mitad que el resto de la gente, por tener limitaciones en mi campo visual, porque uno de mis ojos se desviara según hacia donde mirara. Y hoy, en el sitio que menos lo esperaba, me han regalado la forma más auténtica de vivir cada cosa que vemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Porque entre la primera luz del día y la última de la noche hay cosas de las que somos testigos apenas con las yemas de los dedos, mientras otros morirían por tan sólo unos instantes de luz en sus ojos. Porque se puede amar algo que jamás se podrá ver con los ojos y porque yo, que siempre me he quejado de tener la mitad que el resto de la gente, tengo el doble que otros a los que apenas concedemos unos minutos de nuestra atención.
Por la selección española de fútbol sala para ciegos y para todas las personas del mundo que tienen algún tipo de minusvalía




